Capítulo 3 ~ Moco Flatulento

Los extraterrestres -dice la mayor fuente de conocimiento humano, alias Wikipedia- son todos aquellos seres vivos originarios de algún sitio del Cosmos ajeno a la Tierra o su atmósfera.
La Gran Enciclopedia Galáctica señala por otra parte, que extraterrestre se refiere a cualquier cosa del universo que no esté en la Tierra.
Sin embargo, los extraterrestres, mantiene la Guía para la Comprensión de los Humanos del planeta Keblón, es otra de las maneras que tienen los seres humanos de explicar las cosas que, sencillamente, no saben explicar.

Sea cual sea su definición exacta, nuestros protagonistas se encuentran ahora en algún lugar extraterrestre.

Lugar extraterrestre

En el techo de una habitación de limpieza en el interior de un edificio desconocido un  portal se abrió y cerró de forma imperceptible para la vista de cualquier ser orgánico, dejando a Komoyo y su nuevo compañero suspendidos en el aire unos nanosegundos. Por suerte o no, en aquel desconocido lugar no acostumbraban a hacer la colada regularmente, así que montañas de ropas sucias los esperaban justo debajo.

Lo único que le dio tiempo a pensar a Plastaffinoulesacogorinto antes de desmayarse por el impacto del olor combinado de pañales sucios con ambientador a menta fue: «En cuanto pueda le borraré...». Acto seguido cayó y quedó enterrado vivo en una montaña de pañales.

Komoyo tuvo más suerte que su compañero y le quedó tiempo suficiente para intentar adivinar dónde estaba, por qué unas alarmas rojas parpadeaban en las paredes y cuál era la razón de su existencia. Hay quien cree que en esa situación límite su cerebro descubrió el sentido de la vida. Por desgracia nunca lo sabremos, pues la falta de oxígeno hizo que perdiera el conocimiento unos segundos después.

Planeta: Tierra

En el exterior de la fábrica de gominolas, la vieja cotilla del pueblo se alejó de la ventana pensando cuán popular sería si le contara todo lo que había visto allí a Míster Io, el presentador del popular programa Cuarto Misterio, aparte del más apuesto de los presentadores en general, en su opinión. Era sin duda una oportunidad de oro para hacerse con el premio de la mejor vieja cotilla de los pueblos del país. Iba tan ensimismada pensando en su futuro estrellato en Cuarto Misterio que no se dio cuenta de que la furgoneta del panadero se acercaba a toda velocidad porque se le había olvidado entregar el pan aquella mañana. La vieja cotilla no falleció, para desgracia de la vida social de todos los vecinos, pero tendría que aplazar sus planes una temporada, y al panadero la indemnización le iba a costar más que olvidarse de entregar el pan durante un mes entero.

Lugar extraterrestre

Komoyo se despertó tumbado en una camilla con un extraño casco en su cabeza. Era totalmente transparente y tenía una pantalla táctil en la parte delantera, la cual se manejaba desde el exterior. Ahora mismo mostraba dos opciones: la primera, elegir un idioma de entrada, como descubrió media hora después tras leer los alrededor de 3.000.000 de traducciones a todos los idiomas del universo. En aquella opción estaba seleccionado “cualquier idioma”, así que supuso que sería mejor dejarlo así. La segunda opción le permitía elegir el idioma al que querías traducir las palabras. Tras unos minutos de búsqueda Komoyo eligió “ANDALUZ SIN COMPLEJOS - SUR” y el casco mostró el resto de sus funciones. Estas consistían en un termómetro para medir la temperatura, un regulador de oxígeno, el nombre del planeta en el que se encontraba y toda la información de la Gran Enciclopedia Galáctica actualizada a tiempo real que se mostraba al seleccionar cualquier cosa con la pantalla.

Planeta: Blu

Tras fijarse que estaba en el planeta Blu (un nombre simple para lo que Komoyo esperaba) probó a seleccionar a uno de los seres que en ese momento lo transportaban.

“Los Blus, habitantes del planeta Blu -empezó a mostrar la pantalla-, son seres bajitos, estúpidos, rosados, tontos, redondos, bastante cortos de cerebros y muy curiosos. Los Blus tienen una característica única en el universo, y es que son los únicos seres a los que se les cambia el color de las pupilas según su estado de ánimo.”

Ahora que sabía qué es lo que eran, empezó a prestar atención a lo que decían.

─ …centro de mando. Profundamente dormido, desde luego. Sí, seguro, es sólo uno, mi comandante.

Komoyo siguió esperando a que dijeran algo más mientras observaba las placas de las puertas que se sucedían en el pasillo e intentaba traducirlas con el casco. Entre las que tradujo estaban “HANGAR”,  “SALA DE REUNIÓN”, “MANTENIMIENTO” o “ARMERÍA”. Supuso entonces que se hallaba en algún tipo de cuartel militar.
Al fin llegaron ante una gran puerta cuya placa rezaba “SALA DE CONTROL”. Era un gran sala con pantallas hasta donde alcanzaba la vista y un Blu delante de cada una preguntando al de al lado cómo manejarla. En cuanto entraron un Blu bien vestido en el centro de la habitación se dirigió al recién llegado.

─ ¿Quién eres tú y qué haces aquí?
─ Soy un... un comerciante de Alfa Centauri. Me desvié de mi ruta comercial y acabé aquí por error. -Komoyo estuvo tentado de decir realmente de donde era realmente, pero se convenció a sí mismo de que era hora de quitarse la etiqueta de terráqueo de una vez por todas. A partir de ahora pertenecía a la galaxia misma.
─ ¿Cómo podemos fiarnos de que no eres un espía?
─ Umm… Porque no llevo traje de espía –teniendo en cuenta la capacidad de aquellas criaturas, pensó que eso debería bastar para convencerles.

Los Blus se miraron entre sí y asintieron; no había duda de que lo que decía tenía sentido.

─ Me has convencido. -Komoyo se sintió aliviado. Pensó que realmente eran tan estúpidos que podrían evadir cualquier detector de vida inteligente-. Pero te vamos a matar de igual manera.
─ ¿Por qué?
─ Porque nuestra raza está ahora en guerra contra la galaxia. Todas las razas inteligentes han estado usando como mascotas a los Blus, tratándonos como si fuéramos estúpidos y amorosos ositos de peluche. Y como tú eres inteligente, eres nuestro enemigo –tras esto se dirigió de nuevo a sus compañeros-. Llevadlo a la…-el Blu fue interrumpido en ese momento por alguien entró en la sala gritando.
─ ¡Manos arriba, FGI! ¡Estáis todos detenidos por…-al señor Plasta tampoco le dio tiempo a terminar, porque justo en ese momento, en aquella base situada a 300 metros bajo tierra, un vehículo volador chocó contra el centro de mando con tan mala suerte que empujó a uno de los Blus, que se había acercado al comandante a preguntar cómo funcionaba su monitor, contra el botón de autodestrucción.
─ Activado protocolo de autodestrucción. Cinco minutos para la autodestrucción -anunció una voz robótica por los altavoces.

Así que, con la rapidez digna de un agente de élite del FGI, Plasta desató a Komoyo de la camilla y salió corriendo con él cuando empezaba la cuenta atrás, aprovechando el caos que se generó en el lugar en aquel momento. Por los pasillos los Blus se subían al techo y se balanceaban en las lámparas mientras gritaban, cuando no daban vueltas de un lado a otro despavoridos hasta que se chocaban con alguna pared, claramente siguiendo. el protocolo.

─ Eh, chaval, ¿estás bien? -antes de que Komoyo pudiera contestar siguió hablando-. Da igual, no me interesa. ¿Está bien el cubo?

Komoyo buscó entre sus bolsillos y efectivamente, allí estaba el cubo. Lo normal es que sus captores se lo hubieran confiscado, pero ello habría supuesto demasiado esfuerzo mental.

─ Sí, está bien. Estoy bien. Estamos bien.
─ Genial, porque lo necesitaremos para salir de aquí. ¡Busca un punto morado, rápido!
─ ¿No podemos salir por donde hemos entrado?
─ No, usar una misma zona blanda en un margen de tiempo tan escaso podría alterar el tejido espacio-temporal del universo, y mucha gente se enfadaría si eso ocurriese.

Komoyo buscó y encontró. El punto más cercano era la sala de mantenimiento, así que recordó donde la había visto y fueron a toda velocidad hacia ella. Por suerte, con tanto caos y confusión, nadie se fijaba en ellos y, por supuesto, la puerta no estaba cerrada con llave. Ya deberías saber que en el espacio no usan llaves, eso lo dejé claro en el capítulo anterior.
La habitación de mantenimiento era perfectamente normal, no había nada raro como en los otros puntos blandos. Quizás lo extraño fuera precisamente eso.

─ Tres minutos para la autodestrucción.
─ ¡Date prisa, dale al botón!
─ Vale, vale. Pero oye,¿este de aquí se puede venir? -Komoyo señaló a un Blu que se había agarrado a su pierna por el camino hacia la sala-. Es tan mono que me da penita dejarlo morir aquí.

El Blu mostraba color negro en sus pupilas: Miedo y desesperación. Pero en cuanto Komoyo dijo estas palabras los ojos pasaron a estar de color rojo. Dicho de otra forma, se había enamorado de que alguien tuviera compasión de él.

─ No.
─ ¡Por favor! -Suplicó Komoyo.
– No.

El Blu se sacó un moco y se lo metió en el trasero. Como no pasó nada, hizo un esfuerzo para reunir gases y luego dejó escapar una flatulencia. Decepcionado con los resultados, volvió a meterse el dedo en la nariz.

─ Un minutos para la autodestrucción -la voz robótica se empeñaba en meterse en conversaciones ajenas, y además confundía el plural de los números. Típico trabajo de un ingeniero Blu.
─ Claro que sí, seguro que nos será útil para afrontar los problemas que nos está causando tu capricho de viajar a lugares aleatorios de la galaxia –contestó en modo irónico.
─ ¡Gracias! -declaró Komoyo ignorando la ironía-. Oye Blu,¿cómo te llamas?
─ Zape, Zape Bonisfato -respondió con voz de pito.
─ Bonito nombre, Bonisfato –dijo el señor Plasta esta vez remarcando su tono irónico mientras alargaba la mano y pulsaba el botón del cubo que Komoyo sostenía.
─ Autodestrucción en marcha.

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