Capítulo 4 ~ Pensamientos Telepáticos Obscenos

En aquel momento Komoyo se sentía el ser más especial del universo. Más especial que tú cuando caminas por la noche y justo cuando pasas debajo de una farola apagada se ilumina la bombilla. Más especial incluso que los adolescentes de las películas americanas que conocen a su amor verdadero de un flechazo al tirarle todos sus libros y apuntes al suelo aparentemente sin querer, por pura coincidencia.

Indiferentemente de cómo se sintiera, en aquel momento Komoyo era indiscutiblemente especial en el universo: Era el primer humano en tomar contacto con alienígenas y viajar con ellos por el espacio, como apuntaría más tarde la Wikipedia.

Lugar al que Komoyo ha llegado tomando contacto con alienígenas y viajando por el espacio

Esta vez nuestro trío de seres especiales había llegado a un planeta llamado Aquatus, cuya superficie estaba cubierta en un 99,99% de agua. En la práctica, esto es como si tomaras un baño y sumergieses todo tu cuerpo dejando al descubierto sólo el dedo meñique del pie. Komoyo y compañía se encontraban ahora mismo en ese dedo del pie. Concretamente, aquel dedo del pie era la aduana interestelar de Aquatus. La aduana de Aquatus podría hacerse pasar perfectamente por cualquier edificio de Parque Jurásico debido a su estado de abandono. Determinadas partes habían sido destruidas por el desgaste del agua con el paso de los años, y personalmente no recomendaría el resto a nadie para dar un paseo tranquilo. Incluso el puerto, diseñado para resistir la insistente fuerza del agua, estaba empezando a ceder ante ella. Por lo demás de aduana sólo tenía el nombre, pues cualquier control o documento desapareció hace ya mucho.

Nuestro protagonista fue el primero en levantarse. Aprovechando que el resto seguía inconsciente, pidió información al casco sobre el planeta y sus habitantes.

”Los Aquosos, habitantes del planeta Aquatus -empezó a mostrar la pantalla-, son seres altos, muy inteligentes, azulados, listos, delgados, bastante lúcidos y muy sexys. Los Aquosos son tan  inteligentes que son capaces de enviar pensamientos en forma de ondas a otros cerebros. Tanto es así, que los más listos pueden llegar a modificar los pensamientos de los demás. Por esta razón, el planeta Aquatus está vetado al resto del universo. Oficialmente no existe, y nadie puede entrar ni salir legalmente sin autorización.”

Komoyo pensó en lo práctico que sería tener una novia Aquosa. Podrías comunicarte con ella y tener… cierto tipo de conversaciones delante de cualquier persona sin que esta se enterase, que normalmente no se suelen tener en público, aunque apetezca.

Unas risitas interrumpieron los pensamientos adolescentes de Komoyo. Y a la vez a esas risitas las interrumpió un pequeño disparo de la pistola paralizadora que el señor Plasta había robado de la armería de la base Blu antes de ir a por Komoyo.

─ ¿Estás bien chico?
─ S-sí –admitió Komoyo perplejo mientras veía un cuerpo muy atractivo caer al suelo-. ¿Por qué has disparado?
─ Esos seres son muy peligrosos. Son capaces de averiguar qué te propones hacer si se acercan lo suficiente, así que son el enemigo perfecto. No hay que dudar en actuar ni un segundo. Ahora date la vuelta, debo incapacitar la habilidad de éste antes de que despierte. Y préstame ese cubo, lo necesitaré para hacerlo.

Komoyo obedeció sin sospechar. Oyó un par de sonidos extraños detrás suya y luego… luego vio cómo Plasta huía a toda velocidad con el cubo en dirección al muelle que había al lado de la aduana. Entonces Komoyo empezó a seguirlo.

─ ¡Eh, vuelve aquí! ¡Devuélveme el cubo!
─ ¡Más quisieras! ¡Este cubo me pertenece! -Plasta se subió al único barco de salvamento que había y pulsó el botón del cubo para encontrar algún punto blando en aquel planeta.
─ ¡Pero no puedes dejarme atrapado en este planeta!
─ ¡Claro que puedo! Es más,¡voy a hacerlo!

Komoyo llegó al final del muelle, desistió de perseguir a aquel farsante y consultó en el casco los peces comestibles del planeta Aquatus. Mientras tanto, Plasta observaba con preocupación los datos que le ofrecía aquel cubo. En consecuencia, volvió al muelle.

─ ¿¡Por qué has vuelto?! -Preguntó Komoyo enfadado e indignado mientras cerraba la ventana de búsqueda para mirarlo y probablemente más cosas poco agradables que se le pasaron por la cabeza.
─ No podía dejarte aquí tirado, mi ética no me lo permite.
─ Vale, ahora en serio. Dime por qué has vuelto.
─ En este planeta no hay ningún punto blando más, y en consecuencia quedaremos atrapados aquí hasta que se regenere el anterior, para lo cual tendrán que pasar varias horas. Odio navegar más que te odio a ti, así que mejor vuelvo a tierra.
─ Pues espero que al menos sepas nadar, porque no creo que tengamos tanto tiempo.

Efectivamente, a lo lejos un enorme remolino se acercaba hacia ellos, tragándose todo el agua a su alrededor y empezando a absorber la plataforma sobre la que se erigía la aduana.


Planeta: Blu. Centro de mando, segundos antes de la autodestrucción del planeta

Dentro de aquel vehículo que segundos después causaría que un mundo entero fuese borrado de la faz del universo, dos agentes mantuvieron una interesante conversación.

─ ¡¿Pero qué haces?! ¡La has liado, el jefe nos va a montar lo que no está escrito! ¡Te dije que entraras con cuidado! ¡Mira lo que has…!
─ ¡Calla! ¡Mira quién hay ahí!
─ Parece uno de los nuestros. Por lo visto se nos adelantaron.
─ ¿Uno de los nuestros? ¡Ese tío es el traidor más buscado del universo! Hay que avisar a la central cuanto antes. Y elaborar un informe ya.
─ Perfecto, a ver cómo redactamos un informe antes de que la cuenta atrás de la autodestrucción que, por cierto, has causado tú, llegue a su fin.
─ ¿Qué he causado qué? ¿Por qué no me lo has dicho antes?
─ ¡Intentaba decírtelo, pero no me dejaste!
─ Entonces tendremos que arriesgar nuestras vidas por ese informe.

Planeta: Aquatus

Plasta observaba con temor como aquel planeta iba desapareciendo poco a poco. En aquellas circunstancias sólo le quedaba una alternativa: tendría que crear un punto blando él solito. Normalmente crear un punto blando tenía graves consecuencias para el lugar donde se origina. Pero bueno, aquel planeta estaba colapsando, oficialmente no existía, y tampoco es que tuviera mucha importancia,¿quién lo iba a echar de menos a parte de unos cuantos naturalistas?

”Los puntos blandos -informó el casco de Komoyo- suelen causar  anomalías variables en el lugar donde se originan. Así, en el planeta Tierra se puede explicar de dónde salieron los dibujos de Nazca, o por qué a un empresario se le ocurrió que levantar una fábrica de ositos de gominola con sabor a polvorón era una idea maravillosa. En el más grave de los casos, el área afectada podría autodestruirse.”

Plasta usó la función del cubo que permitía crear puntos blandos. Por suerte, aquel no fue el más grave de los casos, y la única consecuencia de crear un punto blando fue que toda la superficie del mar quedó cubierta con 42 centímetros de gelatina transparente que evitó que se cayese al agua, así que Plasta se apuntó un tanto imaginario. En otras circunstancias aquella anomalía había acabado con toda la vida marina en unos pocos días, pero al ritmo en el que el remolino estaba acabando con todo dentro de un par de días no quedará mar ni planeta del que lamentarse.

Komoyo no corrió la misma suerte y la creación de la anomalía le atrapó entre el agua y el aire. Afortunadamente un Aquoso muy sexy que nadaba por la zona lo detectó chapoteando bajo la capa de gelatina y lo ayudó a subir a la superficie. Como no tenía tiempo para dar las gracias, en cuanto se recuperó le propinó un puñetazo en el abdomen a Plasta con todas las fuerzas que tenía, que no eran muchas después de lo que había pasado.

─ ¡Ugh! -alcanzó a decir Plasta mientras le propinaba el puñetazo.
─ ¡Esto por tentar a la suerte! ¡Podría haberme quedado ahí debajo!
─ ¡Disculpa! ¡Había olvidado que mi principal preocupación ahora mismo es un criajo terráqueo metomentodo…!
«Haya paz, Komoyo Diga. Gracias a él sigues vivo» -envió a sus pensamientos el ser sexy que había salido a la superficie tras rescatar a Komoyo-. «Saludos criaturas del espacio. Mi nombre es Telepia, soy la Aquosa encargada de recibir a los visitantes.»
─ ¿Ves? ¡Hazle caso a la pescadilla, Komoyo! Oh perdona, señora Telepia, no pretendía ser grosero. Mi nombre es Plastaffinoulesacogorinto. Soy un destacado agente del FGI -dijo mientras se recuperaba del puñetazo y lanzaba una mirada de desprecio a Komoyo-. Cuéntame,¿qué le ha pasado a este planeta para que empezase a colapsar cuando llegamos aquí?
«Al parecer una criatura estúpida quitó el tapón del fondo.»
─ A mí no me parece muy inteligente ponerle un tapón a planeta, ¿pero a que adivino quién ha sido? -preguntó Plasta.
– Oh, vaya. Nos habíamos olvidado de él.

Telepi se apartó y Zape apareció detrás suya, que llorando con sus ojos azules parece que se arrepentía de haber destrozado un planeta. Bajo sus pies notaban las consecuencias de sus acciones, el planeta se estaba vaciando y la capa gelatinosa descendía y se hacía más gruesa.

«Iba a avisaros, pero por alguna razón alguien me paralizó cuando trataba de acercarme a vosotros.»
– Mis disculpas, damisela. Sólo seguía el protocolo de actuación para el planeta Aquatos -dijo Plasta mientras hacía una reverencia.

Komoyo aprovechó aquel momento para quitarle a la fuerza el cubo de las manos a Plasta.

─ Ya, es una pena -dijo mientras le quitaba el cubo de las manos-, pero tenemos que irnos antes de que el planeta termine de vaciarse,¿te vienes, Telepia?
«Sí, por favor. No me gustaría acabar mi vida aquí sola en la superficie. Alguien tendrá que recordar a mi especie y a mi planeta cuando hayan desaparecido» -transmitió Telepia únicamente a Komoyo, junto a una pizca de tristeza.
─ ¡Eso va contra las normas de un millar de sistemas solares! ¡No se te ocurra...!

Komoyo pulsó el botón, ignorando como de costumbre al señor Plasta.

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