Capítulo -3 ~ Superagente espæcial Plasta

ATENCIÓN: Aunque los sucesos que se van a narrar a continuación y en los próximos capítulos de esta precuela se pueden entender sin haber leído la historia principal, es recomendable para entender todas las referencias y conexiones leer el primer arco de la historia principal primero (capítulos 1-10).

Aunque especies en el universo hay muchas, y culturas aún más, costumbres no hay tantas. A menudo las costumbres suelen repetirse, pues son fruto de la vida en sociedad, y la mayoría de las sociedades siguen reglas lógicas que son comunes con el resto de sociedades del universo. No hay que ser muy listo para saber que una especie que tiene por costumbre comerse a sus hijos recién nacidos en vez de darles la bienvenida al mundo no durará mucho, aunque especies más estúpidas han existido...

Una de las costumbres más universalmente compartidas es la de la emancipación. El momento de la emancipación ocurre cuando la cría está preparada para abandonar el hogar familiar. Aunque las recientes crisis económicas intergalácticas han afectado notablemente a las bases de las sociedades de todo el universo, la costumbre de la emancipación ha perdurado gracias a la decisión de considerarla Patrimonio de la Universalidad, una solución burócrata que no obstante no ha impedido que el proceso se alargue unos cuantos años más...

Planeta: Planetia

Aquel era el día en que Plasta al fin alcanzaría la emancipación completa. Tras 20 años como cadete en la academia para agentes del FGI de su planeta natal, la junta directiva había decidido aprobarlo por pesado. No es que su rendimiento fuese malo, pero a ninguno de ellos el cadete le caía bien, y su relación con sus compañeros tampoco era mejor.

Así el recién ascendido agente Plasta desembarcaba de un crucero militar en el que sería su nuevo hogar: Planetia, tercera capital de la Galaxia y una de las sedes del FGI. Mientras tanto, su familia celebraba la emancipación en su planeta natal con una gran fiesta, a la que naturalmente no le habían invitado.

Plasta recogió su escaso equipaje y se dirigió al punto de encuentro, las oficinas del FGI. Era un edificio alto con forma cilindro mezclada con la de un hexágono. Debido a su peculiar forma los lugareños lo llamaban "El cilindrágono". Tenía un hueco en el centro que terminaba en una plaza, la cual podía revertirse en menos de cinco minutos para convertirse en una lanzadera militar interestelar, pero esto es alto secreto.

Aquella plaza era el punto de encuentro asignado. Plasta encontró allí al resto de cadetes que hoy pasarían a ser agentes, incluso algunos de su academia, pero decidió no entablar conversación con ninguno — si alguna vez se llevó bien con sus compañeros fue con unos pocos elegidos de su primera promoción, y los de su primera promoción es probable que estuviesen hasta jubilados.

Mientras escuchaba al inspector pasar lista, no pudo evitar pensar en la ironía que resultaba que, a pesar de lo apático que era con la gente, se hubiese decidido a trabajar para protegerla. Quizás en el fondo...

— ¡Plastaffino... Plastaffinoules...Plastaffinoulesacog...! —al tercer intento Plasta se dio por aludido y levantó tímidamente la mano. El inspector lo miró con mala cara—. ¡Presente! ¡Se dice presente!
— No, se dice Plastaffinoulesacogorinto.
— Más vale que te replantees tu actitud, cadete. Bien, parece que ya estamos todos. Acompañadme y os presentaré a vuestros compañeros, los agentes que os guiarán durante las primeras misiones.

El grupo se adentró al interior del edificio guiado por el inspector. El paseo les sirvió como visita guiada por las oficinas; recorriendo los despachos, donde montones de oficinistas corrían de un lado a otros gritando cosas y arrancando papeles; los cuarteles, donde pelotones de agentes en perfecta formación se preparaban para las misiones; el DPNCSU, el rincón más desaprovechado del edificio donde todo el mundo quería trabajar; los dormitorios, unos cubículos enanos para los agentes que, como Plasta, no podían permitirse una vivienda en la capital. Finalmente se pararon delante de una gran sala, que parecía preparada para hacer grandes presentaciones.

— ¡Firmes! Está bien, cadetes, normalmente no se reúne a tanta gente para un evento de tan poca importancia como este, pero hoy tenemos un anuncio importante que hacer para todos los agentes. Vuestros compañeros están esperándoos en la cuarta fila, justo a la derecha del asiento que tendrá un cartel con vuestro nombre. Sed pacientes, la presentación será breve y entonces vuestros compañeros os explicarán los detalles de vuestra primera misión y podréis hacer lo que habéis venido a hacer: ¡patear traseros!

Plasta se dirigió a la cuarta fila y encontró a su compañero en el asiento más a la derecha. Parecía un poco más joven que él, tenía el cabello negro y un peinado a rayas. Vestía un uniforme rojo, un modelo oficial, pero poco usado por la mayoría de agentes porque llamaba un poco la atención. Cuando lo miró descubrió unos ojos grandes color azabache, una nariz aún más grande y una estúpida sonrisa en su cara.

— ¡Así que tú eres mi nuevo superagente espæcial!
— ¿Tú nuevo súper qué?
— ¡Shhh! Silencio, la función va a comenzar.

Un individuo con aspecto de vendedor de teletienda subió al escenario. Debía de ser sin duda un relaciones públicas.

— Señoras y señores, agentes sin sexo, y blorgianos por supuesto. Hoy estamos aquí para hacer un importante anuncio. ¿No habéis pensado ninguna vez en la de tiempo que gastáis para llegar al lugar de vuestra misión? ¿En la de dinero que dejáis de ganar por no encontrar aparcamiento para vuestra nave y tener que aparcar en zona azul? —hizo una pausa para que todo el mundo asintiera—. Pues bien, eso se acabó.

 El cara teletienda se sacó de un bolsillo un cubo y lo sujetó entre sus manos.

— Os presento lo que nuestro DPNCSU ha tenido por bien llamar wa-i. Este aparato revolucionario os permitirá viajar instantáneamente a cualquier lugar del universo. Gracias a un montón de cosas científicas que no vienen al caso, esta pequeña maravillas es capaz de utilizar lo que hemos denominado "puntos blandos" para viajar entre planetas.

El cara teletienda pulsó un botón del cubo y un mapa holográfico de la galaxia apareció frente a ellos. Todos los presentes emitieron una exclamación de asombro.

— Como podéis observar, los planetas están representados por puntos verdes, puntos azules, y puntos rojos. Los planetas verdes están listos para viajar, los planetas azules tienen puntos blandos que han sido utilizados recientemente y deben dejarse reposar, mientras que los planetas rojos han agotado todos su puntos blandos y por tanto no se recomienda viajar a ellos. Si ampliamos la vista sobre un planeta podemos encontrar todos sus puntos blandos, e incluso nuestra posición. ¿Veis este punto amarillo? Soy yo.

El cara teletienda volvió a pulsar el botón y el mapa desapareció. Se escucharon unos pocos aplausos. Entonces alguien bajó del techo un cartel de "aplausos o sino..." y se escucharon más aplausos, y más fuertes.

— Antes de que os lo entreguemos, tenéis que tener en cuenta un par de cosas —añadió el cara teletienda—. El tiempo que tarda en recuperarse un punto blando es variable, así que lo más aconsejable es mirar el mapa. Para viajar a un sitio lo más recomendable es conocer sus coordenadas, de no especificar coordenadas el wa-i os llevará a un sitio aleatorio del universo. Por último, debéis saber que sois los primeros agentes que van a hacer uso de este dispositivo. Habéis sido elegidos para completar las pruebas que hasta ahora han desarrollado en exclusiva los científicos, así que os rogamos que mantengáis la existencia del wa-i en secreto por el bien del proyecto. Bien, ¿alguna pregunta?

Nadie tenía ninguna pregunta, así que se dio por finalizada la reunión. Todo el mundo se levantó y recibió a la salida un modelo del wa-i con su firma electrónica personal implantada. No habría forma de perderlo, a menos que se estropease, cosa altamente improbable.

— ¡Menudo cachivache! ¿Eh, superagente espæcial? —Plasta casi se había olvidado que ahora tenía un compañero por obligación.
— No se te ocurra volver llamarme así.
— Oh, vamos, es un juego de palabras muy ingenioso.
— Ingeniosamente repugnante. Mi nombre es Plastaffinoulesacogorinto. Puedes llamarme agente P. si es lo que quieres —aunque a Plasta "agente P." seguía sin entusiasmarle, mejor eso que "superagente espæcial", o peor aún el apodo por el que terminaba llamándole todo el mundo.
— ¿Agente P.? Con ese nombre y esa actitud será mejor que te llame superagente espæcial Plasta.

Plasta no pudo evitar suspirar. Otra vez. El primer día. Aquel entrenamiento se le iba a hacer largo.

— Pero dónde estarán mis modales. Yo soy el superagente espæcial Jölly, azote de los delincuentes de todos los rincones del universo. ¿Quieres saber cuántas misiones he completado con éxito?
— Un montón, seguro. Ahora, ¿por qué no me cuentas algo sobre la misión que nos han asignado?
— Un total de 583 operaciones. Sólo he fallado dos veces, pero nunca he perdido a ningún compañero. Una de ellas no fue culpa mía, los objetivos de la misión no estaban...
— Nuestra misión, por favor.
— Está bien, está bien. ¿Sabes? Tienes suerte de que nos hayan proporcionado estas maravillas, ayer mismo volví de una misión de 3 días en la que me pasé dos viajando. Lo malo es que ahora no tendré tanto tiempo para ver vídeos de blus en internet... —Plasta estaba ya tirándose de los pelos, así que decidió ir al grano—. Nuestro planeta, Keblon, estaría a dos días de viaje, pero con esto seguramente podamos completar la misión y volver hoy. Se trata de algo sencillo, alguien está robando piezas de una fábrica de robots. Debemos encontrar al delincuente y traerle para que le juzguen.
— ¡Al fin! ¿Cuándo empezamos?

Planeta: Keblon

Plasta y Jölly aparecieron en una colina vacía. Desde allí se veía la fábrica de robots. El resto era tierra baldía, de un color marrón que se extendía hasta el horizonte.

— ¿A qué esperamos? —preguntó Plasta.
— Según el informe de la misión, los robos ocurren durante la noche, cuando la fábrica está cerrada y la producción está detenida. Será mejor que esperemos a que anochezca, y entonces escanearemos la fábrica en busca de vida orgánica. Pillar al ladrón será pan comido, ¡tu primera misión como superagente espæcial será todo un éxito!
— Oh, por favor... ¿y mientras tanto qué hacemos?
— Podemos... intimar un poco -a Plasta le pareció que aquella sugerencia sonaba demasiado sugerente.
— Ni lo sueñes.

Varias horas más tarde, cuando la fábrica hubo cerrado, Plasta y Jölly detectaron una señal de vida dentro la página.

— Ahí lo tenemos. Es momento de pasar a la acción, ponte las gafas de misión nocturna.
— Querrás decir visión nocturna —puntualizó Plasta.
— ¡Esa era la gracia!

Los agentes se aproximaron con cautela a su objetivo y se prepararon para neutralizarlo. Jölly disparó pero falló el blanco, así que el sospechoso salió huyendo.

«583 operaciones exitosas y erra el tiro. Más le vale que no tuviese que disparar en todas ellas» —pensó Plasta.

— ¡Prepárese para una persecución! ¿No es emocionante para tu primer día?

«Más le vale no haberlo hecho a posta. Voy a tener que ser yo quien le patee el trasero» —volvió a pensar.

Los dos agentes se separaron y persiguieron al sospechoso cada uno por un lado de la fábrica. Dispararon varias veces pero ninguna dio en el blanco. Finalmente el sospechoso salió al exterior por el lado más cercano a Plasta. Cuando Plasta salió lo encontró metiéndose en un túnel escavado bajo la valla que impedía el acceso a la fábrica. Con todas sus fuerzas corrió hacia el agujero y logró llegar justo a tiempo para atrapar una de sus extremidades.

— ¡FGI, está detenido! —Plasta trató con toda la fuerza que le quedaba sacar de allí al ladrón. El agujero era realmente pequeño, apenas le cabían un par de extremidades, así que el ladrón debía ser bastante menudo.

Tras forcejear un rato, a Plasta le quedó claro que no era capaz de sacarlo de allí, así que hizo lo más lógico antes de quedarse sin fuerzas: sacó las esposas con una mano y esposó la pierna del sospechoso a su otra mano. Tal vez no podría sacarlo de ahí, pero él tampoco iba a ir a ninguna parte.

— ¡Superagente espæcial Plasta! ¡Buen trabajo! ¿Te echo una mano?
— ¿Es una pregunta retórica?

Entre los dos hicieron fuerza y consiguieron sacar al ladrón, que estaba todo lleno de tierra, irreconocible.

— Límpiale las manos, voy a sacarle las huellas. Ajá... Efectivamente, es un comerciante de piezas buscado por robo. ¿Le has leído sus derechos?
— Tiene derecho a permanecer en silencio. Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra.
— Eres todo un profesional —Jölly le guiñó un ojo y le hizo un signo de aprobación con la mano—, aunque la próxima vez recuerda que hay que esposarlo de la mano, no del pie.
— Lo tendré en cuenta —esta vez Plasta tuvo que disimular una sonrisa a pesar de que sabía que se estaba burlando de él.
— El punto blando se ha regenerado. Volvamos a casa, terminemos la misión y salgamos a celebrarlo.
— ¿Celebrarlo? Oh, no. Ni pensarlo.
— ¡Vamos! ¡No todos los días es tu primer día como superagente espæcial!
— He dicho que no.
— ¡Y menos con éxito! Venga, celebrémoslo, aunque sea por una vez.
— ...está bien. De acuerdo. Pero solo una vez.
— ¡Genial! Mi hermano Jëlly tiene un bar. Te encantará. Te presentaré también a mi hija, Anita, es una gran inventora.

Plasta suspiró y pulsó el botón del cubo.

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